La realidad de un traductor. Cómo ser traductor y no morir en el intento

«Sé dos idiomas, ¿puedo ser traductor?», «Pero si eso es facilísimo, hombre. Solo hay que poner la misma palabra en otro idioma y ya está… Qué exagerados que sois.», «Yo lo hago todo con Google Translator y lo hace todo genial. Esa titulación es inútil», «¿Intérprete? Seguro que vas a ser un actor genial (sonrisilla falsa).», «¿Para qué sirve esa carrera si ya está todo en español? —a mí esta me mató bien mataíto

edho-pratama-149011-unsplashEstas son solo unas pocas “reflexiones” (por llamarlas de alguna forma) sobre lo que la gente opina sobre una carrera como Traducción y que los estudiantes (y profesionales) tenemos que lidiar día sí y día también por defender una carrera que hace tanto bien. Unos creen que es una carrera inútil; otros, que ni siquiera se merece llamarse “carrera”; otros lo confunden con estudiar “arte dramático” y otros, con que es saber inglés y ya… Pues bien, por decirlo clara y directamente… toda esa gente se equivoca.

«¿Por qué?, ¿acaso no es verdad?» Sí, y no lo dudo. Pero es mucho más que eso. Con saber un poco de cualquier idioma, sea cual sea, se puede lograr buenas traducciones. ¿Cómo? Pues ahora te lo digo:

1. Conoce el mundo y sabe poco de mucho; no mucho de poco

Pues sí. El mayor secreto para poder traducir bien es saber de muuuuuchos temas, no saber mucho de un solo tema en concreto. Es muy simple: de cuantos más temas sepas hablar, mejores serán tus traducciones y más fácil te resultará poder comprenderlas. Además, tener un amplio bagaje cultural te facilita muchísimo la vida.  Si conoces de antemano una idea, puedes  expresarla sin necesidad de leer el texto y comprender cada palabra; o incluso de hacer una breve explicación sobre esa idea sin buscarlo.

2. Quien te lea no se entera de na’

Exactamente. El traductor tiene la gran potestad de tomar prestado el mensaje original, hacer abracadabra, hacer ¡chas! y ¡pum! convertirlo en un mensaje completamente diferente, porque a quien vaya dirigido no tiene ni idea del mensaje original. «Pero, ¿por qué hacen eso?» Básicamente, nuestra tarea es comunicar y esto se hace para facilitaros la vida (y facilitárnosla a nosotros también). Creedme, sé de lo que hablo. Cuando en un libro, por ejemplo en inglés, hay una enorme descripción con términos supercomplejos y difíciles de entender, muchas veces el traductor hace de “papá” (o mamá) y le facilita la vida al lector. Para que luego acusen a los traductores de traducir mal las películas… (nene, eso es marketing).

3. Usar más la Wikipedia que el Oxford Dictionary 

Otra gran verdad. Cuando crees tener la capacidad de saber medianamente bien un idioma y te predispones a traducir, te das cuenta de que no es suficiente. Por muy bien que leas y “entiendas” un idioma, es esencial documentarse y leer sobre aquello que estamos traduciendo. Pueden haber ironías, sarcasmos, palabras y expresiones que no podamos encontrar en un diccionario… y es necesario que conozcamos el tema que estamos tratando, porque tenemos que entenderlo a la perfección. Podemos buscarnos la vida para el texto final si buscamos alternativas para lo que estamos leyendo, pero es esencial documentarse bien.

4. Es más importante saber tu idioma que el otro 

Es evidente. Si estamos traduciendo desde un texto alemán (por ejemplo) y no solemos fijarnos mucho en los textos de nuestro propio idioma, calcaremos la forma de escribir del texto alemán y dejaremos de lado las pautas de un texto escrito en nuestra lengua materna. Por eso hay que estudiar nuestra lengua materna antes que la extranjera. Esta, al fin y al cabo, podemos buscarla en un diccionario.

5. Ser todo un ‘hacker’

Estar a la última en tendencias tecnológicas y saber utilizar mil y un programas informáticos: Photoshop, todo el paquete Office, programas de facturación, de traducción asistida, corpus y glosarios lingüísticos, saber de programación ASCII por si te piden crear una web o maquetarla, programas de subtitulación, edición de páginas web… Creo que puedes proponer convalidarte todo esto y te sacas la carrera de Programación también. ¡2×1!

6. Estar en la sombra siempre y que solo se acuerden de ti en lo malo

Ser como Spider-man: salvas la humanidad monolingüe con tus más de 5000 euros invertidos en idiomas y autobuses y te lo agradecen con repudio. Para muestra un botón: todo el mundo sabe quien es J. K. Rowling (y si no, la que escribió Harry Potter). Sus libros han sido leídos por mucha gente en todo el mundo y seguro que el último en el que pensaban era en el traductor que se machacaría la cabeza por ver cómo ponía los hechizos, cada nombre…  En fin. Lo tienen calentito en la librería ya todo hecho bonito y maquetado y solo nos acordamos de esta pobre gente cuando en la pantalla de la tele nos aparece la frase “The Proposal of Mike” y una voz en off proclama: «La boda de Samantha» y la gente se queda en plan… ¡Pero si ahí no pone eso!, ¡menudo traductor, que no sabe inglés!, etc. En fin… lo dicho: mercadotecnia.

Bueno esto es lo que he ido acumulando de momento. ¿Quién sabe si habrá parte 2 o lo dejo aquí? Me gustaría saber qué es lo que pensáis sobre este asunto y si creéis que se le da más importancia al texto ya traducido o al traductor que elabora ese texto.

¡Muchas gracias y espero que os haya gustado!

 

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